miércoles, 27 de febrero de 2013


El otro día me di vuelta y lo vi. De nuevo.

No entiendo qué quiere, se lo pregunté varias veces. Me sigue para todos lados.
Cuando está sentado, se acomoda en su lugar con esas finas y cónicas patas estiradas y me mira atentamente.

No se si llamarme afortunada o no, pero siento que nunca va a abandonarme. Algo así como un guardián.
Un amigo incondicional.

El Perro Oscuro.
Noté algo muy curioso. El Perro Oscuro se presentó en todo su esplendor cuando me di cuenta de que no soy una persona del todo buena. Descubrí un día mi neutralidad con el mundo. Descubrí en carne propia los sentimientos adultos que sofocan a los que me rodean. Pude sentir cómo el filo desdeñoso del desamor me rebanaba la garganta.
Y ahí, en medio de esa oscuridad, surgió una figura alargada, desgarbada pero orgullosa. Asomando su cabeza como un niño recién nacido asoma la cabeza entre los órganos de una madre agonizante.

No lo vi, pero lo sentí. Y sentí, que nunca se iría y lloré.

Porque sabía que eso que había evitado durante tanto tiempo, por fin había llegado.

Me sentía pura, intocable. Hasta que ya no lo fui. Y descubrí lo embelesadoras y embrigantes que eran esas sensaciones negativas.

Sentirme un monstruo y hacer sufrir me daba vigor. Antes de cada ataque, un shock de adrenalina corría por mi cuerpo y sabía que ya no era yo.

jueves, 26 de julio de 2012

Gina

Te esperé tanto...- Dijo Vincenzo, cuando agarró a la tierna criatura que acababa de abandonar la tranquilidad del vientre materno; los gritos de las madres en trabajo de parto, los llantos de los niños recién nacidos, e incluso el mismo sonido de los familiares felicitándolo desde afuera, no perturbaron esa burbuja en la que se encontraba ahora el orgulloso padre, que sostenía con miedo y forzada delicadeza, a su recién llegada hija.
-...mi Princesa.-
Las últimas palabras, hicieron que la beba abra sus ojos.
Para él, era una imágen surreal: todo alrededor suyo era inquietud, gritos, idas y venidas, pero de repente bajaba la mirada, y en sus manos, como si fuera la respuesta a todo lo que alguna vez había deseado, estaba su única hija mujer, mirándolo como si nada más existiera a su alrededor y sintió cómo su peso se perdía en el espacio. Su princesa ahora realmente existía y no era más que pureza y quietud lo que le regalaba.

Vincenzo ese día, fue el orgulloso padre de cinco hijos y una princesa.

Diego, Dante, Eloy, Yann y Olivier, miraban desde el otro lado del vidrio cómo su padre se deshacía en lágrimas y cómo su madre, Adrienne, se impacientaba cada vez más por tener a su hija en brazos.
Obviamente, ella sabía que el sueño de su marido era tener una hija, pero no era justo que primero se la dieran al padre y después a ella...

Diego, el mayor de doce años, le dijo a Dante - De repente me siento como una Beta de lo que siempre quisieron...-


La princesa fue recibida con alegría. Innumerables regalos recibió, a pesar de nacer en una familia en la que lo que sobraba era el dinero.

Fue tapa de revistas y diarios, aunque sus padres se tomaron el trabajo de mantener a los paparazzis alejados de su vida todo lo que les fuera posible.

Y así, la paz retornó canónicamente. De Gina, nada más se vio ni se supo en revistas, ni diarios.


Adrienne dedicaba mucho de su tiempo a la bebé, y un lazo entre una madre y un hijo no se puede explicar. Hay cosas que sólo una madre puede notar.
Y ciertamente, había algo raro con la bebé.

Jamás miraba a los ojos. A nadie. Perdía la mirada constantemente a su alrededor y a veces los giraba en círculos incontables veces como si estuviera teniendo algún problema en los oídos.

Podría ser un problema menor, por eso le hicieron controles y todos los especialistas dijeron que con el tiempo eso pasaría, que es común en muchos bebés, pero si continuaba al año o dos, debían volver a consultar.

Nadie encontró nada inusual, pero ciertamente el problema estaba ahí. Y no flaqueó.

A los tres surgió otra contrariedad. Parecía estar totalmente en su mundo y no sabía ninguna palabra.
Su madre estaba desesperada y temía que su hija tuviera algún problema cerebral.

El doctor finalmente les comunicó que su hija era autista y necesitaba ayuda lo antes posible para revertir lo más posible su condición. Les entregó un papel, con una dirección a donde podían ir a consultar por una niñera con especialidad en niños autistas.

Estas mujeres suelen estar gran parte de la semana ocupándose del niño y proporcionándole ejercicios mentales, físicos y emocionales que ayudan a su pronta mejora.

Adrienne se sintió horrible. Creía que todo eso era su culpa.
Creía que había hecho todo mal, a pesar de haber criado anteriormente a cinco hijos, que eran un ejemplo de educación y buena voluntad.

Vincenzo estaba desconsolado. De repente, ese mundo que había creado con su princesa, empezaba a oxidarse.


Gina estuvo con su niñera dos años.

Dos años en los que la niñera anotaba mejoras mínimas e insignificantes para los padres, que prentendían que al mes de tratamiento, ya los reconozca.

Lo que las anotaciones decían, era que Gina poseía un comportamiento transgresor y violento con sus padres: gritaba, corría, se escondía por horas, escupía, golpeaba y rompía cosas a propósito.
Ninguno de los dos alguna vez le levantó la mano, porque estaban totalmente en contra de ese tipo de crianza, pero los gritos y reprimendas estaban a la orden del día. Al menos las pocas horas que la veían y los domingos durante todo el día.

Con sus hermanos era una persona totalmente diferente. La integraban en los juegos, a pesar de que ella siempre terminaba jugando a algo diferente en su cabeza.
Dante, Yann y Eloy (los menores) la habían aceptado particularmente más que los dos mayores, que casi ya no estaban en la casa.

Con respecto a las actividades del tratamiento, las realizaba rápida y prácticamente sin detenerse demasiado.
Pero, no pronunciaba palabra aún.
Todo lo que estaba fuera de su alcance era una oportunidad perfecta para obligarla a pronunciar la palabra y así recompenzarla por su nuevo logro.

El niño autista común, gritaría o buscaría a otro para que le alcance lo que quiere, o simplemente intentaría pronunciar la palabra.

Pero Gina señalaba, la niñera daba la negativa, y tras unos segundos, la niña se ponía de pie y buscaba cómo llegar al elemento sin ayuda.

Según la niñera, era mucho más inteligente de que lo parecía y las evaluaciones que le había presentado, eran trámites para la niña, o intromisiones entre juego y juego, que se las sacaba de encima lo antes posible.


Cierto día, mientras revisaba los resultados de un ejercicio, escuchó que Gina hablaba.

O mejor dicho, balbuceaba.

Se puso de pie y sigilosamente buscó a la niña.

Pero casi se muere de un infarto cuando vio que Gina extendía su mano hacia un tomacorriente, descalza y empapada.

Corrió y la alejó con una agilidad de la que no parecía dueña y la retó por primera vez en dos años.

Le gritó como pensó que no era capaz y Gina, sin mirarla, lloró sin hacer ni un solo ruido. Ni quejido.

La cara se le arrugaba de tristeza y vergüenza mientras las lágrimas caían en gotas largas e ininterrumpidas.
Había decepcionado a su mejor amiga y ahora ella se iba a ir. Como papá y mamá.

Las luces parpadearon. Tres lámparas reventaron. Los gritos de los niños arriba empezaron a sonar junto con los pasos rápidos sobre la alfombra de la escalera.

La niñera la miró perpleja y no supo qué hacer. Jamás la había visto llorar y lo único que hizo fue abrazarla.

La contuvo contra su pecho, mientras le acariciaba la cabeza. Las mesas saltaban a la vez.

La casa resonó como si un ejército de soldados estubiera marchando.

-Tranquilizate, no me voy a ir. No estoy enojada.- dijo la niñera con voz dulce.- Yo siempre voy a estar en casa.-

La marcha se detuvo. Las luces se apaciguaron.

-¡Miren!- Gritó Yann señalándo un jarrón, que se suspendía en el aire como si no hubiera gravedad.

Pero el jarrón, fue el primero de todos los adornos que empezaron a levitar. Las cortinas, los cuadros, las mesas, las alfombras y todo a la vista estaba flotando, como si le hubieran quitado a Gina un gran peso de encima.

La niñera miró a su alrededor, sin soltar a la niña y con tranquilidad, le preguntó si esto lo estaba haciéndo ella.


Gina la miró.


La dejó en el piso, con su hermano mayor al lado y corrió al teléfono.
Eufórica, le contó a Adrienne lo que había pasado y ella, a su marido.

En menos de media hora, estuvieron en su casa, entraron corriendo y lo que encontraron, fue exactamente lo que la niñera había descripto.

Todo flotaba, incluídos los cince hermanos mayores, que reían y jugaban a los super héroes, mientras la niñera alentaba a Gina.

Adrienne preguntó a los gritos qué estaba pasando y la fiesta terminó.

Las cosas volvieron a su lugar y los chicos calleron desplomados al piso.

La niñera corrió a socorrer a Adrienne, que parecía estar a punto de tener una crisis nerviosa y ella se lo agradeció.

Vincenzo caminó derecho hacia Gina, como si lo demás a su alrededor no existiera.

De nuevo, sintió eso que había sentido en la sala de partos. Pero esta vez, Gina no le transmitía pureza y quietud.

Lo que sentía era odio y vergüenza.

Vergüenza por esconder a una hija fallada, autista, con problemas de la vista y del habla.
Vergüenza porque la princesa que siempre quiso, jamás existió. El mundo que había creado, se desplomó por completo, y a pesar de que la niña era dueña de una belleza rauda y única, era sólo un espejismo de lo que alguna vez soñó.

Eso que tenía enfrente era el demonio. Una vil treta del destino. Algo que había sido puesto en su camino para traele penurias, horas de sollozos inconsolables, golpes a las paredes, sudor y lágrimas.

Era una burla. Imaginaba a los demonios riéndose de uno de los hombres más poderosos sobre la tierra, mientras veía cómo debajo de ese envoltorio angelical, surgía una masa amorfa de dolor, que jamás podría ser moldeada. Que jamás podría hablarle. Que ni siquiera podría mirarlo a los ojos y decirle "papá".

Jamás lo reconocería.

La abrazó, y lloró contra el pecho de la niña, mientras ella miraba a su alrededor sin comprender.

Todos enmudecieron.

El mundo enmudeció. Y los demonios reían a carcajadas en la cabeza de Vincenzo.


Todo el dinero gastado en cubrir la vergüenza de una niña con discapacidad mental. Para el mundo, ella había dejado de existir hacía cinco años.

Y al recordarlo, Vincenzo abrió los ojos.

La luz que tenía desapareció.

Se puso de pie, muy tranquilo, como si jamás hubiera derramado una lágrima.

-Estás despedida- Sonó su voz en tono gutural,dándole la espalda a la niñera - Agradecemos de todo corazón tus servicios y no dudaremos en recomendarte. Tu paga te llegará en mano a fin de mes como si lo hubieras trabajado entero. Adiós.


Ordenó a sus hijos ir arriba y llevar a Gina con ellos. Que jueguen.

La niñera abrazó desconsolada a Adrienne, que no podía creer que jamás volvería a verla. Ambas lloraron y se dieron aliento.

La niñera empacó y se fue sin hacer ninguna pregunta.



Esa noche hubo tormenta. Gina amaba las tormentas, por eso, decidieron accionar cuando ella ya estuviera dormida.

A las dos y media de la madrugada, dos hombres con las caras cubiertas entraron a la habitación de la niña, que se había dormido apoyada en la ventana.

Se tomaron su tiempo y la llevaron afuera, donde un auto negro esperaba, junto con un conductor identico a los dos que fueron a buscarla.

Gina se despertó a mitad del camino, y se quedó dura como piedra.

El viaje fue largo y zigzagueante. Casi premeditadamente.


Al rato, el auto se detuvo. Uno de los hombres salió, levantó a la niña de una manera muy profesional, como todo un padre, y tomó un paquete que había estado viajando junto a Gina.

Rápida pero no por eso brúscamente, dejó a la niña parada bajo la tormenta, junto con el paquete en el suelo.

La puerta del auto sonó. Las ruedas chillaron y el auto desapareció entre la lluvia y la niebla.


Y Gina quedó sola. Alumbrada por luces frías bajo la tormenta.

Con la mirada perdida y totalmente paralizada. Porque mamá dijo que cuando se perdiera, tenía que quedarse en un mismo lugar, porque así ella podría encontrarla.

Pero mamá no apareció.

Tampoco apareció la niñera.

Esto no era el parque. Y ese alambre de púas no era un juego.

La pequeña figura de la niña, casi espectral mientras estaba envuelta en su blanco camisón, entre la niebla, el frío y los baldazos de lluvia que la azotaban, parecía inmutable.

La desesperación en sus ojos y sus labios tamblorosos, contagiaron a todo su cuerpo.

Empezó a temblar frenéticamente, pero no dio ni un paso.

Se asustó y e incluso dio un pequeño salto cuando escuchó que la reja se abría.

Dos ojos luminosos en la oscuridad se prendieron y ella cerró los puños.

-¡No, para! ¡Hay una niña en la salida!- Una voz masculina gritó y se bajó del capiloto de la ambulancia.

Un hombre gordo y de blanco corrió lo que sus piernas le permitieron, para llegar a la temblorosa niña, y sin dudarlo, la alzó, tomó el paquete y la entró donde estuviera a salvo de la lluvia.


Gina estaba en un hospital mental, asistida por las enfermeras que no pudieron resistir a su instinto maternal.


A las seis y media de la mañana, la niña dormía en brazos de una enfermera, mientras las otras comentaban por qué alguien abandonaría a un niño, pero se vieron interrumpidas por el enfermero gordo de antes.

-Se llama Gina. Es autista, huérfana, no sabe hablar y tiene problemas de vista. El monstruo que la dejó en la puerta no merece ser llamado padre.


Gina, se hizo la dormida.


domingo, 4 de marzo de 2012

¿Alguna vez te despertaste de un sueño reparador y dijiste: "¡Me siento como nuevo!" o almenos lo pensaste o lo sentiste?

Si es así, dejame que te explique mejor.

De chica me encontraba muchas veces en esa situación, fue entonces cuando pensé "¿Y si... en realidad sí soy nueva?"

Una nueva yo. Sustituída mientras soñaba. Por una nueva yo; más grande (aunque poco) y totalmente renovada.

Pasé horas y horas de ese día, sentada en el patio sin hacer ruido.

Pensando. Tratando de darme cuenta qué pasaba.

Cuando por fin pude figurarme, más o menos, lo que estaba pasando.

Me di cuenta de que la conclusión a la que había llegado, era como menos, aterradora.

Esa noche, cuando mis padres estaban ya dormidos hace horas y mi hermano después, decidí poner a prueba mi plan.

Cerré los ojos y me puse a escuchar.

Tardaron, pero yo sabía que vendrían.


A una hora que mi infancia sólo pudo identificar como "muy tarde" oí pasos.

Acelerados y livianos.

En mi terror, me congelé.

Y, para mi suerte, o desgracia, los pasos se acercaban a mi habitación.

Mi hermano, durmiendo al lado, desprendía de sus pulmoncitos un ronquido bebé, que se alejó junto con los pasos.

Mi terror era sobrehumano pero no podía abrir los ojos. No podía hacer que se den cuenta.

Igual de rápidamente, me di cuenta que también se estaban llevando a mis padres en la otra habitación.

De repente, silencio.


Pensé que era huérfana y que estaría sola de por vida.

Una lágrima rodó por mi mejilla y no pude evitar dejar salir una mueca de tristeza.

Mis padres y mi hermano; desaparecidos. Idos junto con unos pasos livianos inadjudiclabes a un humano.

Abrí los ojos llena de ira, movilizada por una fuerza que no sabía que poseía a tan temprana edad.

Me destapé y cuando me quise dar cuenta, a mi lado, al costado de la cama, había dos enanos.

Eran enanos de la misma altura, sólo un poco más bajos que yo.

Sus ojos blancos destilaban dentro de las sombras de sus ojeras. Y me miraban.

Hoy, diría que entre sorprendidos e idos.

Fue tal mi terror, que la ira se fue corriendo y quedé congelada frente a ellos, a menos de veinte centímetros.


No me atrevía a hablar.


Las esferas vidriosas que tenían como ojos, se movieron hacia el otro. Y rieron.


Me asusté con la carcajada. Tan repentina y tan grave.


"Así que... ¡por fin nos descubrieron!"

"Y bueno, todo trabajo tiene su lado malo, no siempre se puede ser discreto"


Se rieron una vez más y me miraron con una amplia sonrisa.


"¿Cómo puede ser que una niña tan pequeña nos haya engañado tan fácilmente?"

"¡Pequeña! Nos saca una cabeza en altura, yo que tu no la provoco a que se enfade"

No supe si sería correcto, pero sonreí y ellos conmigo.

"¿Te gustaría saber un secreto?"

Asentí tímidamente con la cabeza, tratando de ser respetuosa.

"Puedes hablar, no te mataremos si nos diriges la palabra. Además, seguramente hablarás mejor que nosotros porque vas a la escuela, ¿o no?"

"Bueno... sí. Pero ustedes hablan bien"

El otro enano, sacó la mano de su frondosa barba y codeó al otro, enseñándole un reloj de bolsillo.

El enano se sobresaltó y me volvió a preguntar si quería saber un secreto, presuroso esta vez.


En mi cabeza, flotaron la típicas frases: "Nunca hables con extraños", "Ignora a los desconocidos", "Seguí caminando y no mires"

Pero algo, en esos dos individuos, me dio confianza.

El enano extendió su mano y al instante que la tomé, sentí cómo viajaba como en una montaña rusa, pero fue sólo un segundo.


Cuando me di cuenta, estabamos en una especie de castillo.

Las piedras eran de un azúl profundo y parecían iluminadas por la Luna nada más.


Estabamos en una escalera, mirando hacia abajo.

Era una escalera caracól, con antorchas en la pared. Los dos enanos, adelante mío, sonrieron y me dijeron que bajemos.

Bajé con ellos. En ese momento pensé "Ya está. Si son buenos, lo son. Si son malos y me quieren matar... ya está."


Llegamos a una puerta gigante. Tan pero tan grande que parecía la entrada del castillo.

Entramos, y dentro, habían puertas exactamente iguales. Gigantes e imponentes, de madera, piedra y musgosas placas con números.

"Todos aquí somos iguales. Nadie es direfente al otro. Los mortales, son y serán iguales, no importa el nivel adquisitivo ni el poder espiritual que crean tener. No hay un ser superior."

"Y nunca lo hubo ni habrá. Sólo existe el orden de las cosas. Todo tiene un principio y un final. El dueño de tu vida eres tu mismo. Todo es subjetivo. No hay bien ni mal."

Los miré, sorprendida y aturdida. ¿Qué son esas palabras?. ¿Mamá, qué significa subjetivo?

Más tarde lo supe. Qué tan sabias fueron esas palabras.


Todas las puertas tenían números. Algunas, estaban selladas. Tenían, en un material rojo, un sello que ahora ya no recuerdo.

Más tarde, me di cuenta de que era sera de vela roja, con un sello como los que los reyes usaban para cerrar una carta.

Pregunté por qué algunas tenían ese sello rojo, si todos eramos iguales.

Y me respondieron, que aquellos sellados eran los que dormían para siempre. Lo señalaban, para que nadie entre ni saque nada de ahí dentro.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

Llegamos a una puerta, que a pesar de ser igual a las demás, no tenía tantas telas de araña ni musgo.

En la placa se leía "1323". Paramos frente a ella y los enanos sonrieron.

Con aire teatral, y como si estuvieran emocionados por lo que estaban a punto de hacer, se miraron entre risas y dijeron a coro: "Somos Ghilgohr y Thefradyl, dueños de los sueños" y abrieron la puerta con rapidez de par en par.

Lo que había ahí dentro, me sorprendió tanto que no pensé que fuera real.

Miles. Miles y miles de camas.

En filas y con luces prendidas a los costados.

En las camas (y cunas) dormían nada más y nada menos que mis yo.

Una sala infinita, llena de antorchas iluminando las cunas y camas ocupadas por mi.

Yo recién nacida, multiplicada.

De bebé. Un año, dos años, tres, cuatro... ¡¿Qué es esto?!

Un enano se acercó, con aire orgulloso y dijo: "Esta, como ya te habrás dado cuenta, eres tú. Durmiendo. Todas las noches, por todo el mundo, nos metemos en las casas de los durmientes y retiramos sus cuerpos desgastados y cansados y los reemplazamos por un recuperado y nuevo individuo, un poco más viejo y más sabio."

"Somos los que retiramos lo viejo y dejamos venir lo nuevo. No siempre es un buen trabajo, porque sabemos la cantidad de respuestos de humanos que tenemos. Puede que, la noche de un individuo sea la última. Somos los primeros en saber cuánto te queda de vida. Y es doloroso a veces saber, que ese humano que conoces desde la cuna, hoy morirá."

Miré hacia abajo con la mirada perdida.

Quise preguntarles por mi... por todos. Pero algo me detuvo. No sentí que fuera correcto.


Los dos caminaron enfrete mio y se detuvieron. Me miraron con una cálida sonrisa y dijeron "Ese es el secreto. Eres libre de comentarlo. De escribirlo o dibujarlo. Incluso de publicarlo. Sabemos que nadie te creerá, salvo tú misma. Ese es nuestro regalo y es sólo para ti. Tú sola sabes la verdad y así será por siempre."

"Otro regalo, es el de saber tu hora".

Mi corazón dio un vuelco.

"No no no! No te lo diremos ahora. En tu lecho de muerte, te avisaremos y haremos que sea el sueño más plácido de todos."


Uno de ellos, extendió su mano y, con confianza la tomé.


Amanecía nublado y se oían truenos a lo lejos.

"No fue un sueño" me decía a mi misma.

Miré la mano que había extendido hacia el enano y había algo escrito en la palma.


"Sabemos que te gustan las tormentas. Disfrútala"



Esa semana, no dejó de llover.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cuando iba a tercer grado, una maestra nos contó un cuento sobre un hombre que subía una escalera muy larga y se sentaba en una nube para ver a los humanos debajo.

En lugar de eso, vio incontables llamaradas reemplazandolos.

Algunas eran grandes, otras pequeñas. Algunas chisporroteaban y otras simplemente se movían para donde el viento quería.


No recuerdo bien còmo seguìa el cuento... lo que si recuerdo es que, cuando terminò la clase y todos ya nos estabamos yendo al recreo, le preguntè a mi maestra si sabrìa què clase de llamarada era yo.


Me dedicò una sonrisa, creo que le habrà sorprendido que sea la ùnica que le haya preguntado algo sin salir corriendo al patio.

Y me dijo que eso, es algo que nadie en el planeta, menos yo, lo sabrìa. No ahora, ni en dos o tres años.

Algùn dìa mirarìa para atràs y sabrìa còmo seguir adelante.


Recordè eso hoy en el 161, volviendo para casa a la madrugada. Y la verdad, es que me dieron muchas ganas de escribir sobre esto.


Tenìa cierto rechazo instantàneo hacia las llamaradas pequeñas y las que se dejaban llevar por el viento.

¿Por què te dejarìas llevar por el viento si tenès la fuerza suficiente como para ir en contra de èl?

¿Y por què ocultarìas lo que sos ante algo màs fuerte? No se trata de salir a enfrentar la vida como un boxeador y golpear a cada uno que se atreva a meterse con vos.

Sòlo digo que existe un equilibrio.

Me di cuenta de que soy una persona impulsiva y violenta cuando me enojo o cuando algo realmente no me parece correcto.

Siento que alguien enciende un interruptor en mi pecho y, emerge una fuerza màs poderosa que mi diplomacia que me obliga a decir lo que siento y no lo que pienso.

Està bien comunicar y dar un punto de vista. Està bien defenderse si te atacan. Y tambièn està perfecto sentir ese poder del que hablo. Ese poder no sòlo moviliza a uno, podrìa movilizar a miles.

Pero no es correcto recurrir a la verborragia y la violencia fìsica cada vez que se presenta un problema.

Mi familia y yo somos muy apasionados. Todo lo que empezamos con ganas, lo terminamos con màs.

Si se presenta un problema, lo enfrentamos, y si nos hace caer, nos levantamos con màs ganas de seguir luchando.

No somos robots. Cuando alguien cae, obviamente se siente mal, derrotado y sin fuerza. Pero para eso estamos los demàs.

De mi boca, jamàs van a dejar de salir palabras de aliento y nunca voy a negar un abrazo de corazòn.


Mi honestidad es una espada de doble filo. Siempre digo lo que pienso con muy poco filtro y puede tanto ayudar al otro, como ofenderlo. Pero es un arma de la cual nunca quiero carecer.

Puede que estè equivocada y, aunque sea terca y aplique severos controles a la correcciòn que se me haga, reconozco cuando debo quitar mi mirada punzante y dar la razòn. Aunque me duela.


La vida es un tira y afloja. Y aunque soy una persona que preferirìa siempre luchar, se que en otros casos hay que agachar la cabeza.

O màs dificil: dar media vuelta y seguir hacia adelante.



No entiendo a las personas que caen y, arrastràndose, buscan otro camino u otra forma.

¿Por què? ¿Por què buscarìas otra forma, u otro camino para llegar a lo que querès?

¿Por què abandonarìas un sueño?

¿Por què tenès que callarte la boca cuando te dicen que lo hagas?

¡Y peor aùn! ¿Por què deberìas callarte cuando absolutamente nadie te lo impide?

Las respuestas màs comunes son estùpidas y cobardes.

Y si hay algo que odio es la cobardìa.


No digo que no tenga miedo. El corage no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de enfrentarlo.


Y no sòlo cuando te da miedo ir al baño a la noche, o salir del living en el cual estàs mirando una pelìcula de terror para ir a buscar algo a la cocina con las luces apagadas.


Yo soy una persona que superò muchisimos miedos.

Pero algunos vuelven de vez en cuando como mi pànico en la oscuridad.

Sin embargo la remonto como puedo y cada vez que supero un momento de terror, sigo adelante.


Cuando tengo miedo de còmo podrìa reaccionar alguien ante mi sinceridad, esbozo una sonrisa, esa persona me mira y me preguntà què me pasa.

Es algo que hago a propòsito. Es el empujòn definitivo para decir lo que pienso.

Porque sòlo hay una oportunidad en la vida para decir las cosas. Si no lo decìs ahora, no lo vas a decir jamàs.


Y probablemente te arrepientas o te castigues pensando en lo bueno que serìa ahora si te lo hubieras sacado del pecho.



Otro cuento, que me lo contaron en catequèsis (y que fue la ùnica enseñanza que me dejaron) era el de las cruces.

Èrase una vez un hombre desgraciado que se quejaba de sus problemas, de su vida, de sus relaciones y de todos los errores cometidos; entonces, con todas sus fuerzas gritò a los cuatro vientos "¡¿Por què a mi Señor?! ¡¿Por què a mi?!".

Entonces Jesùs descendiò de los Cielos y saludò al hombre, que lloraba desconsolado.
Lo ayudò a levantarse y lo acompañò fuera de su casa.

Afuera, habìan muchas personas, las de siempre, pero encima de sus espaldas llevaban cruces.

Asì como jesùs cargò la suya hasta el Monte de Gòlgota, todos cargaban la suya.

Algunas grandes y pesadas, otras no necesariamente por grandes eran pesadas. Otras pequeñas, de metal, de madera, algunas incluso incrustadas de diamantes.


Al ver esto, el hombre le preguntò a Jesus què querìa decirle.


Y èl le respondiò que cada uno lleva su cruz personal. Algunas son màs pesadas, algunas màs livianas, pero todos debemos llevarla hasta el momento en que descansemos en paz; y, pese lo que pese, hay que aguantarla, tal y como el lo hizo tiempo atràs.


Por eso, cuando uno piensa lo dificil que es vivir su vida... no digo que te compares con los demàs, solamente que valores lo que tenès y que con esa fuerza, sigas para adelante.


Nunca seas conformista. Y menos con la derrota.


Siempre hay que luchar por lo que uno cree; ya sea con las palabras o con los puños.


Hay que tener corage para superar nuestros obstàculos.



Y por sobre todas las cosas, valorar la vida. Dormir para evitar malos momentos o el mismisimo hecho de querer morir, es de cobardes y digno de aquellos que se rinden a pesar de todo lo bueno que les espera.



No hay mal que por bien no venga.

lunes, 15 de agosto de 2011

Thalai

Nacida y criada, no por mucho tiempo, en un pequeño clan en las montañas, Thalai fue secuestrada por gigantes, junto con varios hijos Goliaths.

Los años transcurridos a merced de los gigantes, la endurecieron a pesar de ser la menor de los secuestrados y la que menos posibilidades tenía de sobrevivir.
Cinco de sus hermanos perecieron ante las condiciones brutales, pero ella logró hacerse camino de alguna manera u otra.
Los gigantes los "entrenaban" mandándolos a pueblos de humanos para masacrarlos, saquear y destruir todo a su paso.
Con el tiempo y las batallas, Thalai se convirtió en una guerrera formidable.


Una noche, después de una sangrienta lucha, Thalai y dos de sus hermanos sobrevivientes, asesinaron a sangre fría a sus captores, logrando poder caminar, después de tanto tiempo, libres.

Sus dos hermanos deciden volver al clan, mientras Thalai opta continuar sola.
La vida en familia fue algo que olvidó hace mucho.


Thalai es muy reservada y arisca con los desconocidos.
La caracteriza su brutalidad en el campo de batalla, además de la reputación de mutilar a sus oponentes caidos.

Ante toda ocasión, prefiere guardar silencio y analizar, porque sabe que no todas las situaciones precisan de la intervención de un arma, a pesar de su naturaleza sanguinaria y su limitada comprensión de lo que la rodea.

A pesar de todo lo que se ve, lo que la impulsa no es la maldad, sino el miedo.
Y quizás su mayor debilidad, sea su enternecido corazón.
Pero eso no es algo que ella deje ver tan fácilmente.

martes, 9 de agosto de 2011

Entonces, ahí estaba yo.


Liberada. En medio de la nada y con una misión que no sabía cuál era, pero un instinto desconocido me impulsaba a cumplirla.


Traté de recordar, pero no había nada.


Yo sabía que estaba viva, pero no sabía por qué.



Caminé y caminé por ese desierto. No tenía calor pero sabía que debía fingirlo.



Me detuve en un punto, igual al resto del desierto, pero yo sabía que no era igual.


Apoyé mis manos en el suelo árido y sentí cómo, desde abajo, surgía un titán.


Rasgué mis ropas. Me embadurné en tierra y di tres pasos hacia atrás.


Frente a mi, una mole grisácea se erguía desde la tierra, clavando sus luminosos ojos en los míos.


Con un ademán, fue mío.


Di media vuelta; miré al horizonte. Ahí había algo. Ahí había gente.


Civiles.



Era mi deber vislumbrar su lado del juego.



Eran de los míos, o no. Vivían, o morían.



Eché a correr en dirección hacia la base a kilómetros de distancia. Cara de poker. Ni una gota de sudor.


El titán me seguía.


Nuestro objetivo era el de fingir una persecución.



Doce kilómetros, corriendo como demente bajo un Sol despiadado, con un golem pisándome los talones.




No debí esmerarme tanto. Ilusos civiles.




Los últimos tres kilómetros los corrí gritando y pidiéndo ayuda. No es dificil que un civil crea que una está en peligro.



Y menos cuando se es jóven y aparenta menos de lo que tiene.





Tres civiles salieron de su guarida con armas en mano y me gritaron que me detenga.


Con sus fútiles armas, le dispararon al titán que, obviamente, sabía que debía fingir, y cayó al suelo con un gruñido adolorido.




Los tres se acercaron y me examinaron con cuidado. Se notaba en sus miradas la desconfianza, pero las pocas ganas de dejar a una joven sola en este lugar.
No tanto por lo que podría ser de mi. Sino algo más egoísta.

En sus caras, podía ver la escasés. Y una desesperación imposible de esconder.

No hay mujeres en esa guarida, eso ya está asumido.




El líder, sacó un scanner de antebrazo, y con brusquedad tomó mi brazo izquierdo.
No perdí la oportunidad de que escuchen un pequeño quejido asustado.


El scanner dio positivo. No soy una espía.



Ilusos.

Escondidos en sus cuevas de topo, no se dan cuenta de que la tecnología avanza y que nuestros antebrazos ya no sucumben ante los scanners de ningún tipo.

Somos superiores, ya no hay forma de identificarnos.


El líder movió su cabeza en dirección a la guarida. Los otros dos, uno de cada brazo, me llevaron custodiada.



Fue un buen comienzo.

jueves, 12 de mayo de 2011


Ultimamente, los días se destacan por ser raros.

Pasé de despertarme completamente sola y con la casa toda desordenada, a un misterioso Martes en el que todo estaba relativamente ordenado, el loro lavado, las ratas afuera y nada sobre la mesa.

Aunque la semana no terminó, voy a darme el lujo de contarte cómo fue hasta ahora.

El lunes, me levanté a las ocho de la mañana y automáticamente me puse a desocupar mi pieza para que una amiga de mi mamá venga a limpiar, mis papás se fueron a las nueve. Para ese momento, la chica ya estaba y yo estaba corriendo las camas.

Entre las cosas importantes que hice, fue desocupar mi "cajón de los chiches", osea mi cajón de juguetes. Epopeya que me costó la cadera (sí, a los dieciocho años tengo problemas de cadera).
Y casi arrancarme el industrial con un palo de escoba. Lo demás fue rutinario.


El martes me desperté feliz porque estarían mis papás y me acompañarían a hacerme el documento.
Pensé que no vería a mi amor ese día (el lunes le dije que tenía que hacerme el documento).
Pero llegué justo y fui.
Se desataron ciertos eventos desafortunados que creo que me afectaron hasta hoy, principalmente a mi cara.

Mis papás se dieron cuenta de que estoy mal, por ende se pusieron peor porque tienen más problemas de los que tenían antes y yo no ayudo con mi cara.

Pero mi hermano tampoco con su estado vegetal, cosa que me enerva y quiero degollarlo.


Estoy apagada para casi todo. Especialmente para sonreir.

Pero no todo es culpa de lo que pasó el martes.

Es más, creo que ya no influye.

Tengo la misma sensación que en mi preadolescencia.


Una mezcla entre desencanto y rabia contra todos en mi casa.


Y se desencadena peor cuando alguno de los dos desubicados me dice que sólo estoy feliz cuando me voy a ver con mi novio.


Y saben qué?






Tienen razón. Jódanse.






Ayer me desperté media hora después de que se fueran. Ordené, desayuné y me fui para lo de mi abuela a llevarle un almohadón a su perrita. Supuestamente va a tener cria, pero tiene tanta aglidad que creo que nos está engrupiendo...

A las doce volví, le hice la comida a mi hermano, me acordé que volvía a las dos, me comí su comida y le fui a buscar pan para que se haga sanguches.

Fui al gimnasio.


Volví.

Morí

Desperté.

De mal humor, por cierto.

E hice la cena con mucho desgano, aunque bien. Fui a retirar unos lentes para mi papá.

Le pedi a mi hermano que por favor haga su cama. Me dijo que sí pero que tendría que esperar media hora a que vuelva de lo de un amigo.

Hice su cama.

Descolgué la ropa, la doblé y la guardé. Canté con Arturo y después me puse a jugar al WoW con mi novio.

Vinieron, me dijeron que tenía mala cara y que la cambie porque ellos estaban cansados y yo tengo que darles alegría. Lloré sin que se dieran cuenta.

Comimos.

WoW hasta la madrugada.




Bienvenida a un nuevo día, Huldri.

miércoles, 13 de abril de 2011


Ay... Hay tantas cosas que querría decirle ahora mismo.

Seguramente cuando lo vea no podré decírselo.

No por vergüenza, sino porque cada vez que lo miro a los ojos y me sonríe, todo pierde sentido.

Los sentimientos me atropellan y sólo puedo decir cosas estúpidas.

O estar en silencio.

O decir cosas que no suenan del todo bien.

Si intento comunicarle lo que siento, de repente en mi garganta se acumulan todas las palabras correctas pero nunca logran salir. Por eso él nunca va a saber cuánto lo amo.

Desearía que tuviera el poder de saber lo que siento sin decirlo. O yo poder hacerselo saber sin palabras.

Es tan difícil...

Tengo miedo que mis silencios se malinterpreten.

O que no los aguante.


Quisiera que sepa que quiero estar con él para siempre. Pero, enserio.

Estar juntos sin necesidad de estar casados. Por siempre, incluso hasta después de la muerte.

No puedo decirlo sin sonar como una demente.

Y él es tan lógico.

Debe reirse a carcajadas por dentro cuando ve mis ojos rebosando de cariño, casi rozando la locura, y le digo que quiero estar con él para siempre.

Ojalá él lo sepa.

Quisiera que sepa cuánto lo amo.

Pero nunca va a saberlo.

No alcanzan las palabras en el mundo. No alcanzan las estrellas en el universo para igualar lo que siento.

Pero nunca va a saberlo.

lunes, 11 de abril de 2011

Lunes


Hmm... es lunes... me siento tan sola.
A pesar de que él me dice que no me sienta así... creo que el hecho de que me lo diga lo empeora.

Son las ocho. Escucho el noticiero en la televisión del comedor, probablemente mamá debe estar arreglándose o poniendo la pava en el fuego.

Mejor me levanto para desayunar y aprovecho para estar con ellos antes de que vuelvan a la noche de mal humor.

Mamá se está bañando... voy a lavarme la cara a la cocina, sonarme la nariz y tomar agua. De paso veo si puedo ir sacando las cosas para desayunar.

En el noticiero aparece el reporte del tiempo; mi sección favorita. Dice que la máxima van a ser 24 grados... mhh, va a estar pesadito. Mucha humedad.

Separo las banquetas; escucho la luz del baño y veo la nariz de mi mamá asomándose por el comedor.

No está de mal humor, tampoco de uno espléndido. Me doy cuenta por sus ojos.

Ella va a buscar sus cosméticos y yo saco la pava del fuego. Por suerte hoy no me enganchó para cebar mate...


No quiero batir café. Me hago un mate cocido, aunque todavía no siento sabores por la congestión...

Me sirve el agua en la taza y recuerdo que sólo hay una cuchara de la medida que a mi me gusta. Las demás desaparecieron misteriosamente. Nota mental: comprarme una cucharita.

Mientras desayuno, mamá me comenta con entusiasmo que hizo como tres lavados uno de los cuales ya está colgado desde anoche y el segundo está por colgarlo ahora; el tercero, de las sábanas me corresponde.

Sonrío, porque es sólo doblar la ropa y colgar dos trapos más sin usar broches. Cosa que es buena porque me cuesta alcanzár la soga... estar en puntitas de pie es cansador.

Me pide que vaya a llamar a papá. Me levanto, voy a la pieza y lo llamo con la mayor ternura que me inspire en el momento. A veces le grito. Hoy lo llamé muy despacito.

Vuelvo a la cocina; mamá se está pintando las pestañas y me pregunta si se levantó. Le digo que está en eso.

Se levanta y le lleva un mate.


Después del desayuno juntos, ellos se van después de repetirme tres o cuatro veces lo que tengo que hacer. Yo de mala gana contesto y me tiro en su cama a mirar la tele.

Es lunes. El peor día de la semana. Toda la nostalgia del fin de semana está sobre mí; tenganme piedad.

Me duermo.

Me despierto a las once y media y me doy cuenta de que estoy de buen humor. Genial.

Voy al chino, compro fiambre, pan, lavandina y un "jabón secreto" con mi plata.

A la tarde voy a comprar semillas. O mejor que vaya Mati.


Lavo a Arturo, barro, saco la ropa y la doblo, pongo a calentarme un plato de guiso, hago las camas y ordeno un poquitito el living. Me doy cuenta de que no hago nada.

Me siento inutil.

Me deprimo.

Llega Mati.

Comemos juntos mirando algo en la compu o la tele. Hoy vimos Alicia en el País de las Maravillas.

Voy a la otra pc; RC; Facebook; YouTube; repetir.

Prendo la tele y me bajo tres botellitas de 600ml de agua. Voy a llenarlas y a hacer jugo.

Vuelvo. Me aburro.

Me miro en el espejo.

Mi piel es un asco.

Mi físico me asusta.

Me deprimo.

4chan. /fit/. Inspiración.

Pongo música en YouTube y hago ejercicios por media hora o cuarenta minutos.

Tirada en la cama, sin aire, transpirada y con dolor en lugares que ni sabía que existían; pensando en lo que me gustaría ser.

Timbre: la tía. Acordamos empezar el gimnasio mañana. Emoción.

Las seis de la tarde. Salimos con mi hermano para Villa Crespo para encontrarnos con mi papá en el depósito.

Bazar en la parada del 71. Cucharitas. Compro una. Vamos para el depósito. Vuelvo al bazar a comprar otra.

Papá me regala unas zapatillas.

Vamos para el cumple del padrino de Matu. Aburrimiento.

Con la única que me llevo es con mi tía Adri. Me dice que ya encuadró los dibujos que le regalé. Me siento feliz pero a la vez extraño a mis dibujos.

Odio saludar a mucha gente. También la comida fría, pero ya que.

Torta. Velas. Chau.

En casa escribo esto.

Definitivamente un Lunes fuera de lo común... (Nótese el sarcasmo)


P.D.: Gracias π por tu dibujo!

martes, 5 de abril de 2011

Pero no todo era muerte y desolación en esta vieja tierra abandonada.

Entre todas las mujeres muertas, habían algunas amputadas, inconscientes o malheridas pero aún rescatables.

Se tenía un registro de todas y cada una de las mujeres destacables.

martes, 15 de marzo de 2011

En un mundo azotado por un impacto desde el espacio, los hombres jóvenes más fuertes sobrevivieron.
Las mujeres, de toda edad, raza o tamaño, yacían inertes bajo los escómbros y el fuego.

Inmediatamente los hombres fueron llevados a un lugar más seguro, donde recibirían alimento, cuidados médicos apropiados, ropa e información acerca de lo sucedido.

Aunque no era mucha la información que se les podía brindar, sin que los mismos no creyeran ni una palabra de lo oído, los militares hablaron y contestaron las preguntas hechas por los incrédulos sobrevivientes.

Cuando la nave llegó, los hombres dejaron de reir. Las burlas cesaron.



Era un nuevo comienzo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Dándo su último suspiro, se dejó llevar por una antigua fuerza.
El cielo oscuro lo alentaba a seguir avanzando, como cuando una madre enseña a caminar a su hijo. A acercarse simbólica y físicamente al amor y la seguridad.

Esa misma confianza tenía él con el océano y el océano con él.

Sentía como si todos los días de su vida hubieran servido para pavimentar el camino hasta este momento.
Se arrepentía de no haber hecho esto antes.

De repente sintió que no tenía madre. No tenía amigos. No tenía humanidad.

Fue uno con las aguas que lo vieron nacer mil kilómetros tierra adentro. Tan lejos pero tan cerca.

Veía fotos de las criaturas que habitaban sus playas y sus profundidades sintiéndo esa sensación de déjà vu que tan incómodo lo ponía y lo obligaba a cerrar el libro.

Dieciocho veranos cumplidos fueron suficientes para abandonar su nido y dejarse llevar por la corriente que desde su nacimiento intentaba arrastrarlo.

Abrirle los ojos. Hacerlo saber.

Que sepa que su madre fue sólo un canal para que él exista. Pero ella no lo sabía.


No era un suicidio. Era un reencuentro.


Sus dedos y manos ya no existían; sus pies se disolvieron; su fino cabello negro se desprendió; su voz fue canto de ballenas; su risa, el rocío de las olas y sus ojos, abiertos contra la fuerza de las olas.
Su pecho se desintegró mientras sentía cómo el agua lo atravezaba y se veía desaparecer como un espíritu.

Las aguas lo abrazaron y ya no sintió otra cosa que las caricias de las rocas bajo él, el cosquilleo de las blancas arenas.

Hechó un vistazo hacia abajo y vio a las criaturas de las penumbras que tanto lo aterraban antes. Vio barcos destruídos por sus caprichos. Corales, caracoles, esponjas, peces diminutos. Crustáceos, pulpos y calamares.
Náufragos. Cuerpos muertos flotando en sobre su cabeza. Petróleo, basura, desperdicios, animales muertos, playas contaminadas. Mujeres hermosas. Surfistas y tiburones. Profundidades y misterio. Monstruos.


Ahora él era uno con las aguas y todo lo que la habitara.


Ya nada lo alteraba. Su paz era infinita como su fondo para un simple humano. Y sólo con su voluntad, refrescó una playa; acarició por primera vez los pies de un bebé; destruyó pueblos y familias; le arrancó una parte a un descomunal glaciar; le dio la ola perfecta a un surfista; la mejor fotografía a un artista; el mejor pique a un pescador y una marea propicia a un navegante. Todo al mismo tiempo. Y sólo con su voluntad.


Ahora él era uno con las aguas.

sábado, 26 de febrero de 2011






Era tarde en la noche, casi al borde del fin.
El silencio de la noche era adornado por el tierno arrullo de los grillos bajo mi ventana obligándome a bostezar de vez en cuando.

En mi concentración, logré distinguir un sonido que desentonaba con la balada de fondo.
Unos ruidos extraños provenientes de la cómoda. Constantes y penetrantes.
Pensé que podría llegar a ser mi imaginación, pero al notar que su presencia no desaparecía al cabo de unos minutos, supe que era ajeno a mi psicosis.

En mi ingenuidad, pensé que podría llegar a ser una rata... pero luego recapacité en la profundidad y duración de los sonidos: se oían leves pero constantes y no parecían sonar al raspado de una garra contra la madera y algo que me heló la piel, fue notar que eran livianos. En ese momento, pensé lo peor y decidí tomar valor para confirmar mi miedo.


Miré detenidamente la lustrosa superficie del mueble.


Para mi falsa sorpresa, descubrí con horror y asco, que se trataba de uno de los insectos más inútiles e impresionantes del reino animal:


Una cucaracha.


Gorda, oscura y torpe se movía entre los caros perfumes como una ironía de seis patas, escurriéndose febrilmente entre los frascos

En mi locura iracunda por osar irrumpir en mis tierras, tomé una ojota y empuñándola cuan cuchilla, le acesté una puñalada con la punta del calzado.


Un golpe certero y frío. Con presición milimétrica, casi quirúrgica.


Una ola de sensaciones satisfactorias corría por mis venas, llenándome de adrenalina y obligando a mi cerebro a mover mi brazo derecho violentamente en un intento fructífero de aplastar su desagradable cuerpo, frenético por la tortura del dolor.

En un abrir y cerrar de ojos, le arranqué su vida como el insecto que era.


"Felicitaciones, joven guerrera" una voz interior dijo con jolgorio, mientras desempuñaba la ojota mirando el cadáver inmóvil, al coro de los gemidos de asqueo de mis progenitores.
Mientras yo, sintiéndome vencedora y con la mirada aún anciosa por seguir con mi festín de azotes a un inocente, me encaminé a la cocina a buscar las mortajas para mi víctima.


Con tres servilletas de papel absorvente dobladas al medio, tomé el cuerpo inerte y con cierto aire funerario y casi de respeto, dejé yacer el cuerpo.

Miré lo que había hecho. Y sentí la presión en el pecho. Esa presión que te obliga a cantar victoria ante el enemigo derrotado.

Aunque en mi interior yo sabía que esta sería una de mis tantas batallas. Aún no puedo cantar victoria.


De regreso a mis aposentos, donde ahora escribo mis memorias de batalla, por mi mente cruzó una suerte de consuelo ante mi violenta matanza: "La liberaste de su eterna rutina".


Yo se que fue incorrecto. Se que será extrañada por sus seres queridos y llegarán a las puertas de mi reino clamando por venganza. Que cada tripa y fluído derramado por su compatriota y hermana caída, vale por cien de mis hombres... but that's how i roll, bitch.

miércoles, 26 de enero de 2011

Creo que esta va a ser una de las tantas entradas que te escriba.

Odio volverme repetitiva y densa diciendo que cada vez que te miro, me enamoro un poco más.

Odio soñar en voz alta de "cuando nos mudemos juntos" o "cuando tengamos nuestra casa", pero es algo que siento tan fuerte. Es algo que tengo la necesidad de decir, y de sonreir mientras lo digo.

Odio no poder ser lo suficientemente buena para mi familia. Odio siempre hacer algo que no les guste y que se enteren por mi hermano.
Odio que griten. Que puteen fuerte para que los escuche.
Odio tener que ser buena con él cuando es tan idiota como para contar que comimos en su pieza.
Odio esta casa de mierda.

Los odio.

Cuando me cierro en mi misma soy una egoísta. Cuando intento cambiar soy una egoísta.
Empiezo a pensar que no me necesitan en esta casa.

Soy una carga y cuando se los digo se hacen los que no.
Me caen cada vez peor y tengo que hacer que todo está bien para que ellos estén contentos.
Hago algo mal y me refriegan por la cara lo de la presión baja, los derrames, el trabajo y el esfuerzo y se piensan que yo entiendo.

Obvio que entiendo.

Pero no me sirve. Son unos tarados.



Si no tuviera a Niro conmigo, pensaría seriamente en escaparme de esta mierda de casa o suicidarme.

Lo peor es que lo sigo pensando.


No en suicidarme, porque no podría ver más a la cosita más linda y preciada que tengo.
Quiero vivir sólo para compartir ese papel lleno de caca y moco que llamo vida, con él y disfrutar esa porquería como si fuera un banquete, porque lo es cuando él está cerca.

Creo que voy a empezar a buscar trabajo ahora.
Realmente quiero plata para irme de acá.


Aunque se que sería lo mismo, porque me seguirían diciendo egoísta y más cuando me vean que salgo todo el tiempo.

Como ahora que les dije y me bombardearon con sus discursos repetidos.

Me dan tantas ganas de gritar cuando empiezan a hablarme.

Y tengo que callarme porque se supone que estoy cambiando.

Odio tanto volver a casa.


Pero amo tanto mi casa cuando está Niro.

Todos cambian cuando llega un invitado. Todos son tan graciosos.

Todo es tan rico, las camas son tan cómodas.

Todo vale la pena cuando se que él está cerca.


Odio tanto cómo son.
Esa necesidad de hacer cosas para después decir que te rompiste el lomo para lograrlo.
Para después lograr que yo diga que tenés razón.

Y decir que te estás enfermando y mamá se muere y vos desfallecés del calor y el esfuerzo.


Y después yo, digo que son buenos y dibujo una sonrisa conformista en mi cara.


Me enferman. Me enferman demasiado.


Me cuesta tanto escribir esto.


Los mocos y las lágrimas se me mezclan y tengo que ir a lavarme la cara cada treinta segundos.


Empezó como una entrada para la persona más preciada que tengo y siguió como una queja más a mi familia.


Perdón amor, perdoname. Pero siento que no puedo borrar lo de arriba.


No se si tengo razón o si ellos la tienen.

Ya no se nada, no quiero saber.

Sólo se que te amo y cada segundo que se que vos también lo hacés, es un respiro más. Una mano que se cierne ante una persona que se ahoga.




Si no estuvieras en mi vida, yo tampoco estaría.



sábado, 22 de enero de 2011


1. Primer nombre: Agustina
2.Segundo nombre: Isabel
3.Fecha de Nacimiento: 15/03/1993
4.Lugar de nacimiento: Argentina, Buenos Aires.
5. Signo del zodíaco: Piscis
6. Estado civil: ...de novia c:
7.Color de ojos: Marrón.
8. Color de cabello: Castaño oscuro.
9.Estatura: 1.50; 1.55 cm., not sure.
10.Número de calzado: 37-38
11.Equipo de fútbol: Estudiantes de la Plata.
12.Un deporte: Que haga, por ahora ninguno. Que me gusta, parkour, Hay Alai y atletismo.
13.Profesión: Voy a seguir publicidad... pero no se cuál sea mi profesión.
14.Idiomas: Inglés. Que quiera aprender, francés, alemán y japonés.
16.Un amigo: Hero.
17.Un auto: Jaguar (: me gustan desde chiquita.
18.Un animal: Cerdo.
19.Un color: Azúl en todas sus gamas.
20.Época en la q te gustaría vivir: Invierno.
21.Un libro: De los Apeninos a Los Andes.
22.Programa favorito de tv: Hora de Aventura, Bob Esponja, todo lo de Discovery Kids, el antiguo Cartoon Network y Nickelodeon, etc.
23.Un dibujo animado: Chowder.
24.Una película: Harriet la Espía.
25.Un actor: Jack Nicholson.
26.Una actriiz: Fairuza Balk.
27.Una flor: Jazmines. Jazmines everywhere.
28.Una planta: Aloe Vera, es bastante útil.
29.Una fruta: Kiwi, Durazno, frambuesas, moras y arándanos.. No puedo una sola.
30.¿Tenés algún pierciing o tatoo?: Siete perforaciones y seis aros con un tatuaje en la muñeca y seguimos en expansión.
31. Un lugar de vacaciones: San Clemente. No conozco otro.
32. Un país: Francia - Alemania - Estados Unidos - Gran Bretaña - Finlandia - Suecia - Noruega - Venezuela - Irlanda - Islandia - y unos más.
33. Una comida: Guiso de lentejas... BEHOLD!
34. Una bebida: Coca Cola, Sprite, Dr. Lemon, Cerveza bien helada (Behold!) y supongo que cualquiér tipo de alcohol aunque me falta probar muchos todavía.
35. Un postre: Cheesecake y cualquier postre con crema o queso que sea frutal y con mínimas cantidades de ingredientes pesados como el chocolate.
36. Alguien a quien admiras: Edith Piaf, Buckethead, V.
37.Una revista: Las que tenga mi mamá, yo sólo me dedico a romperlas.
38. Un diario: No leo eso.
39. El hombre más lindo: Podría decir mi novio, pero sería hipócrita. Ningún hombre es el más lindo. Aunque tengo debilidad por los tipos con cara de cavernícola y pelo largo.
40. Una emisora radial: No escucho radio
41. Un boliche: ...
42. ¿fuiste a algun recital?: Sí.
43. Te gustan lo chicos?: Hasta estos cosos de preguntas creen que soy torti.
44. Algo sobre vos: Derp.
45. Un restaurante: No conozco restaurantes, me conformo con algo al paso.
46. Cábala: Mi pulsera plateada. La giro cuando estoy nerviosa.
47. Un papelón: Enojarme con una chica de Starbucks por pedirle algo que yo creía que era una donna y resultó ser una tostada. Me enojé mucho y sacudí los brazos (cosa que es grave), después me explicó lo que era y la perdoné c:
48.Un perfume: Nombres no sé. Pero me gustan los frutales.
49.Tiempo libre: Dibujar. Leer.
50.Peor defecto de una persona: Orgullo e inmadurez.
51.Mayor virtud de una persona: Sinceridad
52.Lo más lindo de la vida: Silencio, árboles, flores, una brisa fresca y un cielo para mirar.
53.El día más feliz: Hubieron cuatro o cinco, pero no los recuerdo bien, salvo el día que salí por primera vez con Niro.
54.El día más triste: Son más que cuatro o cinco.
55.Un defecto propio: Soñadora compulsiva, celosa, psicótica. Que no lo demuestre demasiado es otra cosa.
56.Un buen recuerdo: Sólo se me viene a la cabeza la lluvia, o la imagen de un árbol mirado desde abajo.
57.Virtudes propias: Tolerante. Siempre veo el vaso medio lleno. Me río de casi todo.
58.Qué te hace llorar: Maltrato a los animales o niños. Que me traten excesivamente mal. O que se burlen de mi.
59.Qué te hace reír: Casi todo.
60.Qué te sensibiliza: La música. La lluvia.
61.Qué no perdonarías nunca: Siempre termino perdonando. Aunque hay muchas cosas que todavía están en trámites.
62.La mejor palabra: Nigger.
63.Un miedo: La oscuridad.
64.La mayor desilusión: Cuenta que sea una persona?
65.Un sueño cumplido: Unos cuántos. Incluida la amistad de Niro y Hero sobre todo. (*)
66.Una frustración: Llevarme materias. Mis papás.
67.El dinero: Te ensucia las manos. Te las tenés que lavar con jabón por veinte segundos incluidas las muñecas y debajo de las uñas y después usar alcohol en gel.
68.Marca de ropa?: Ja ja ja. Sí, claro.
69.Una meta corta: Aprobar estas materias del orto.
70.Hobbies: Dibujar, leer, mirar el cielo, escuchar música y soñar despierta.
71.Un amor imposible: Chuck Schuldiner.
72.Tu primer amor fue: Alan.
73.A quien odias: A nadie. Pero si preguntaras "aborrecer", quizás unas cuántas.
74.Un número: 13; 17; 23. (23 más que nada)
75.Una letra: H.
76.Un día: Viernes.
77.Una canción?: Non, Je ne Regrette Rien; The Music Sounds Better With You, With or Without You, Every Breath You Take, La Carretera, Walking After You.
78.Sos feliz?: Por momentos.
79.Cómo te sentís?: Bien. Lo que se dice bien.
80.Te duele algo?: Neh.
81.Amas a alguien?: Niro.
82.Extrañas a alguien?: A varias personas, incluído Niro.
83.Tenés todo planeado?: Casi.
84.A quien le darías un beso si lo tuvieras al lado tuyo?: A Buckethead, aunque sería un beso en el cachete de la máscara. (Y obviamente a Niro)
85.Los ojos de?: ...?
86.Un regalo que hiciste hecho por ti: Muchos dibujos, comida y peluches.
87.Alguien a quién le debes mucho: A mi familia.
88. Tenés buen humor?: Soy cambiante.
89. Canción que te hace llorar: Las que mencioné antes y un par más.
90.Hay alguien enamorado de vos: Emhh... no lo creo.
91.Sos muy criticón/a?: Sí. Con la gente que no me cae bien o cuando no se hace algo de alguna manera que me parezca bien.
91..Sos romántico/a?: Más o menos.
92.El día o la noche?: Noche.
93.Tenés paciencia?: Si
94.Te casarías?: No.
95.Tendrías hijos?: Si, dos o tres.
96. Sos ordenada/o?: Si, bastante.
97. Tocas algun instrumento: No, pero me gustaría violín o harpa.
98. Te emborrachaste alguna vez?: Sí.
99. Sos tierno/a?: Sería estúpido decir que pienso de mi misma que soy tierna. No.
100. Tu apodo: Agus - Huldri - Goggie (así me dice mi mamá)
101. Trabajas?: No. Todavía.
102. Qué hay debajo de tu cama?: Libros y dibujos, creo.
103. Qué hay en las paredes de tu habitación?: Posters. Posters everywhere.
104. Tomas Mate?: Sí. Con café.
105. Marca de cigarrillos: Phillip Morris. Aunque no fumo, eso fuman mis viejos.
106. Por quien lloraste: Por dos personas.
107. Un miedo: Muchos.
108. El mayor riesgo que viviste:

>Tíos borrachos

>En auto

>Yo 14 años

>Suddenly car crash

>Tíos hospitalizados

>Yo inconsciente pero salvada por el cinturón de seguridad y casi ilesa.

>Mfw

109. Que te falta?: Altura.
110. Hoy es: 22/01/2011
111. Te gusta la mirada de: Algunas personas.
112. Regalo que harías?: Un auto, muchos libros y peluche de Cthulhu.
113. A quién?: A Niro el auto y a Hero los libros con el peluche.
114. Como es tu chico/a ideal?: Como el que se hace llamar mi novio.
115. El amor es: un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso y artístico). Habitualmente se interpreta como un sentimiento, relacionado con el afecto y apego, y resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes.
116. Como te llevas con tu familia?: So so.
117. Ser sexy, se es o se busca?: Qué?
118. Tres nombres masculinos: Atila; Francis; Logan.
119. Tres nombre femeninos: Ofelia; Alessa; Alanis.
120. Existen los Ángeles?: ...
121. Te enamoraste alguna vez?: No. Lo estoy ahora, pero nunca antes.
122. Un lugar para vivir?: Nueva Zelanda o Finlandia.
123. Día favorito del año: Ni idea.
124. Color de piel de la ultima persona que viste?: Blanco verdusco. Yo en el espejo.
125. Chocolate blanco o negro?: Me da lo mismo.
126. El polo o el desierto?: El polo
127. Vino o cerveza?: Cerveza.
128. Descubrimientos favoritos: La fosa de las Marianas. Míos ninguno.
129. Cantidad de novios que tuvo tu mama antes de conocer a tu papá: Cuatro o cinco.
130. Por quién darías la vida?: Mi hermano, mi novio, un sólo amigo, papá y mamá.
131. Existe algo que nunca le contaste a alguien?: Sí.
132. Te arrepentís de algo que hayas hecho?: Sí.
133. A quien desearías conocer mas?: Mi hermano, Niro y Hero.
134. La ultima película que viste?: Buried. Un asco.
135. Te encantaría bailar con?: NOT WITH JOHN TRAVOLTA
136. Dijiste te amo recientemente?: Sí.
137. A quien le bajarías una estrella?: ...
138. Dormís la siesta?: Solía hacerlo.
139. Los amigos son para siempre?: Sólo los amigos. No esa gente con la que te reís pero no sabés ni el cumpleaños.
140. Te gustan las cadenas de e-mail?: No.
141. Escapaste alguna vez de tu casa?: No.
142. Rencor o conciliador: Conciliador...?
143. a quien consideras creída?: No comments.
144. Como conociste a la persona que mas Amas: LOLDENSOU
145. Canción que estas escuchando: All the Drugs.
146. Dormis con peluche: No.
147. Crees En El Amor A Primer Vista : No.
148. Que cambiarías de tu vida?: Mi familia y la escuela de mierda donde estudié.
149. Las tormentas te gustan o te asustan: Me gustan.
150. Algo que tienes puesto siempre y no te lo quitas: Dos collares, un anillo y una pulsera.
151. Tímido o extrovertido: Reservada. Y muy tímida.
152. Playa o montaña: Playa
153. Las fiestas o la privacidad?: Privacidad.
154. Te gusta la soledad o la multitud?: Soledad.
155. Como te describirías?: Fría, reservada, seria y sarcástica. Solidaria, buena compañera, graciosa y optimista.
156. Conociste a la persona que mas Amas : Sí.
157. Que es esa persona ahor a en tu vida: Mi novio.
158. Perro o gato: Perro.
159. Palabra favorita: Nigger.
160. Insecto favorito: Mantis religiosa, mariposa.
161. Cuantos primos y primas tenés: Más de cincuenta, seguro.
162. Un e-mail o diez cartas: Un e-mail
163. Has robado alguna vez: Sí.
164. Mayonesa, mostaza, ketchup: Mostaza.
165. Mes favorito: Enero y Julio.
166. Profesor favorito: Silvia Varela.
167. Tu sueño: Viajar por el mundo.
168. Materia favorita?: Literatura.
169. A quien perdonarías una y mil veces no importa lo que te hiciera: A nadie.
170. Es cierto que la Tierra es redonda: Es un geoide.
171. La persona mas fea que conoces: No me fijo en qué tan feos son, sino qué tan lindos.
172. Te gustaría tener los ojos de: del color de los ojos de mi abuelo. Gris - Verde agua.
173. Y el cuerpo de: Nadie.
174. Para formar a la mujer ideal, se necesitaría los ojos de: asdf
175. Para formar a la mujer ideal, se necesitaría el pelo de: asdd
176. El cuerpo de: ¬¬
177. La mala onda: Ajam.
178. Que coleccionas: Latas chinas, piel, uñas, pelo.
179. Que te gustaría tener: Un pasaje para viajar por todo el mundo.
180. Por qué?: Porque sí.
181. Sleep o boxer: Boxer.
182. ¿Qué hora es?: 20:06
183. ¿Qué estas haciendo?: Estoy contestando esta cosa que me saca del aburrimiento.
184. ¿Qué deberías estar haciendo?: Estudiar.
185. ¿Que color de ropa interior llevas puesto?: Rosa.
186. Que es lo primero q haces al despertar: Abrir los ojos.
187. ¿Punto debil?: La música.
188. Has tenido un amigo imaginario: Muchos. Y quién dice que los TENÍA?
189. Que champú/shampoo utilizas?: Pantene... creo. Y uno de bebé.
190. ¿En q piensas?: Comida.
191. En quien piensas?: Ana Frank.
192. ¿Qué canción le dedicarías?: Uyama Hiroto - One Dream
193. ¿Crees en Santa Claus?: Good times...
194. Amaste tanto a alguien como para llorar?: Sí.
195. Tema de conversación más detestado?: Cosas de chicas. O cosas que me den mucha rage.
196. ¿Cual es tu gusto de helado favorito?: Mascarpone, crema del cielo y durazno.
197. ¿A quien extrañas mucho?: A nadie.
198. ¿A la hora de dormir?: Eh?
199. Nickname: Huldradan.
200.¿Te quieres despedir de alguien en especial?: A Pilaf, Karen y Niro que siempre leen este blog paforme.

miércoles, 19 de enero de 2011


Mucha gente ve la lluvia como un momento de tristeza, letargo y aflicción. Quizás un buen momento para escuchar música triste, tomar un mate con alguien y recordar o simplemente quedarse puertas adentro bufando y maldiciéndo el clima.
Para mi (y mucha gente más) es un momento de reflexión, energía pura y hasta felicidad.
Sin razón aparente, pero felicidad al fin.

Me desperté a las ocho y cuarto con un grito de mamá. Quería despertarme con el timbrazo de Niro a las once, pero le ganaron de mano.

Papá dijo que se venía una "flor de tormenta" y no pude evitar abrir los ojos y ver esa luz ténue y fría que provocan mis amigas las nubes.

Respiré ondo y dándo como excusa el ir al baño, miré por la uerta de vidrio que da a mi patio.
Y sí, tenía razón. Una buena tormenta se acercaba y no iba a perderla por dormir dos horas más.

Me tiré en la cama, esperando a que comiencen los estruendos previos, como la percusión de lo que sería una orquesta angelical.

Al notar la tardanza, prendí mi iPod y escuché canciones felices.
Una que está entre mis diez favoritas, "Music sounds better with You".

De hecho, creo que la música suena mucho mejor con lluvia. Y ni hablar si es mientras viajo y no hay sol.

Cuando papá y mamá se fueron, me paré e intenté hacerme un café con la pava eléctrica... FAIL

Supuse que la temperatura adecuada para el mate alcanzaría para mi café pero no lo hizo... así que lo puse a calentar en un fiel tarrito para leche que nunca me falla.

Empezó a llover.

Me invadieron canciones, sentimientos, visiones, olores y emociones de antaño.
De esos días en que escuchabamos "La Carretera" con mi abuela en ese viejo casette. La lluvia suena a esa canción desde entonces.
La ventana de mi antigua pieza, que por mi poca altura, parecía que apuntaba al cielo.

Creo que mis mejores y más vívidos recuerdos son de cuando llueve.

Ahora que lo pienso... la lluvia va a traerme mil y un recuerdos más el día que me abuela Peti se valla de este mundo. Esa canción. Todo lo vivido... mejor no pensar en eso por ahora.


Prendí la computadora para documentar todo lo que pensaba en esos momentos pero decidí mejor ir al porche.
Y mirar la lluvia caer sobre el hermigón. Formar charcos sobre el pozo que papá formó sobre la vereda con su anterior auto. El pozo que hicimos cuando Matu tenía seis años y yo casi once. La casita de palitos y barro...

Muchos recuerdos y muy poco tiempo.

Miraba a la gente pasando abajo del agua y sentí algo de compasión y curiosidad por ellos.
No se porqué.

De repente, llovió más fuerte.

Otro recuerdo. Bastante agridulce.

Recordé cuando me desesperaba por agarrar la cámara y filmar las nubes, los relánpagos y la lluvia para que alguien más, sin mucha suerte, la viera como si estuviera acá.


Suficiente del porche. Vamos a la pc.


Ahora miro la lluvia desde la ventana. No resistí el descargarme la canción mía y de la abuela.


Miro la lluvia desde la ventana con esta canción.


Todo se siente como antes. No quiero que este sentimiento se valla.

sábado, 8 de enero de 2011

Niro y los chicos llegaron a Gessel a eso del mediodía; compraron cosas para comer y cocinaron.

Me contó que la hermana de coco y las amigas los miraban raro al verlos cocinando.

Esperá.

¿Hermana de Coco? ¿Amigas?




Se me cayó el alma al piso.

Se supone que eran unas vacaciones sin mujeres.
Se suponía que si quedaba embarazada, lo denunciaban.


No dejó ir a una pero deja ir como si nada a más de cinco seguro.


No entiendo nada.



Para colmo, volvieron a mi unas sensaciones que no sentía hace mucho.
No sentimentales... voy a hacer de cuenta que no existen.


Hacía tanto que no sentía esto.
Es como si me fuera a cagar y vomitar encima al mismo tiempo y de repente tengo frío. Cuando voy al baño no tengo nada para desechar y cuando empiezo a transpirar frío, no hay baño caliente que me ayude.

Por suerte duran poco.


Tampoco creo que sea porque Niro no está... quisiera pensar que no.

Es decir, quizás mi yo consciente diga que no. Pero muy profundo piense que sí.


No se, no quiero pensar.


Ahí viene otro..

Niro está en viaje ahora... y llueve.

Estoy bastante preocupada ahora que caigo que es peligroso viajar con lluvia... y más si es un colectivo de dos pisos.

Agus tiene miedo.


Espero que pasen una linda semana allá en Gessel (:


Ya lo extraño mucho...

lunes, 3 de enero de 2011

sábado, 1 de enero de 2011

Hola, bienvenida.


Hola.


Vos sos: Agustina Mar... Marche...


Marchegiani. Como se escribe.


Está bien. De ahora en adelante sos Agus. Sos la única paciente con ese nombre, por ahora.


Cool.


Bueno, empecemos. ¿Qué edad tenés?


Diecisiéte para dieciocho.


¿Cuándo los cumplís?


El quince de Marzo.


¿Festejás o te quedás en el molde?


Mirá, tendría que plantearmelo más tranquila...


¿Por qué?


Porque siempre festejé con mi mejor amiga, y ahora ni siquiera la tengo en facebook.


Ya veo. ¿Se pelearon?


No. En realidad es como si siguieramos siendo amigas, pero yo decidí alejarme.
Me di cuenta que prefiere estar con su novio.


Hmm. Mirá, esto es algo muy común en la adolescencia. Cuando uno conoce el amor, o mejor dicho, descubre la sexualidad y la comparte con una persona, se dejan de lado muchas cosas, incluídos los amigos.
Te recuerdo que no es porque ella quiera, sino porque las circunstancias se dan así. Es algo fuera de sus manos.


Dígame algo que no sepa.


¿Habláste de esto con alguien?


Con mis papás y con mi novio.


¿Y te sirvió?


Sí. Suelo usar a las personas para hablar y autoexaminarme. Me conozco mucho.


Eso está bien, no mucha gente se conoce. Aunque, en mi lugar, nunca puedo confiarme de lo que un paciente diga.


Es obvio y lo entiendo. Yo tampoco confiaría en mí.


-Risas-


-Sonrisa ausente-


Quiero que me digas la verdad. ¿Por qué te hacés esto?


Porque no puedo dejar de preguntarme quién soy.


Dijiste que te conocías.


Dije que me conocía pero no que sepa qué es lo que conozco en realidad.


Sabés perfectamente que no soy real.


Sí.


¿Para qué me creaste? ¿Soy como todas esas personas que inventaste con tu imaginación y que después de esta entrada de blog nunca más va a existir?


Probablemente. O quizás te reviva en otro post... aunque ya descubriste mis propósitos.


Sólo porque vos quisiste que lo haga.


Exacto.


Sos un asco.


Lo sé.


Creás vida y después la destruís así como así. Vas a arrepentirte.


Lo dudo. Es mi mayor especialidad.


¿Te creés un dios, no? Con todo el poder de crear y destruír a tu antojo. Idear y olvidar.


No. Un dios es demasiado y yo tengo un terrible complejo de inferioridad.


¿POR QUÉ TE MENTÍS? SABÉS QUE NO TENÉS ESO.


Pero queda bien decirlo. Le cae bien al público y le da la sensación de sentirse uno o dos pasos más arriba que yo.


No se si sos muy inteligente o muy mala persona.


Un poco de las dos.


Yo diría que mucho de la segunda.


Está en vos creerme o no. Yo sólo soy lo que soy. Y no me duele serlo.


Quisiera creerte...


Creeme. Aunque ya todos sabemos que las verdades son relativas. Y la verdad es que a veces me duele ser así.
Mentir casi todo el tiempo. Y mentir cuando digo la verdad.


Eso no tiene sentido.


Nada de lo que hago, digo o soy tiene sentido.


¿Entonces para qué existís?


Ni todo lo que hay, se dice o es, lo tiene. Así que estoy bien donde estoy.


Esa irregularidad... esa tendencia tan marcada a irte al carajo y después volver al punto de partida. Con eso engañás.
Me reiría mucho el día en que conozcas a una persona que sepa justo cuando estás a punto de largar una de tus mentiras, como veneno, y la cace al vuelo.


Sería interezante. Tanto la búsqueda de la persona como la escena que figuraste.


¿Te arrepentís de algo?


Sí.


No.