Entonces, ahí estaba yo.
Liberada. En medio de la nada y con una misión que no sabía cuál era, pero un instinto desconocido me impulsaba a cumplirla.
Traté de recordar, pero no había nada.
Yo sabía que estaba viva, pero no sabía por qué.
Caminé y caminé por ese desierto. No tenía calor pero sabía que debía fingirlo.
Me detuve en un punto, igual al resto del desierto, pero yo sabía que no era igual.
Apoyé mis manos en el suelo árido y sentí cómo, desde abajo, surgía un titán.
Rasgué mis ropas. Me embadurné en tierra y di tres pasos hacia atrás.
Frente a mi, una mole grisácea se erguía desde la tierra, clavando sus luminosos ojos en los míos.
Con un ademán, fue mío.
Di media vuelta; miré al horizonte. Ahí había algo. Ahí había gente.
Civiles.
Era mi deber vislumbrar su lado del juego.
Eran de los míos, o no. Vivían, o morían.
Eché a correr en dirección hacia la base a kilómetros de distancia. Cara de poker. Ni una gota de sudor.
El titán me seguía.
Nuestro objetivo era el de fingir una persecución.
Doce kilómetros, corriendo como demente bajo un Sol despiadado, con un golem pisándome los talones.
No debí esmerarme tanto. Ilusos civiles.
Los últimos tres kilómetros los corrí gritando y pidiéndo ayuda. No es dificil que un civil crea que una está en peligro.
Y menos cuando se es jóven y aparenta menos de lo que tiene.
Tres civiles salieron de su guarida con armas en mano y me gritaron que me detenga.
Con sus fútiles armas, le dispararon al titán que, obviamente, sabía que debía fingir, y cayó al suelo con un gruñido adolorido.
Los tres se acercaron y me examinaron con cuidado. Se notaba en sus miradas la desconfianza, pero las pocas ganas de dejar a una joven sola en este lugar.
No tanto por lo que podría ser de mi. Sino algo más egoísta.
En sus caras, podía ver la escasés. Y una desesperación imposible de esconder.
No hay mujeres en esa guarida, eso ya está asumido.
El líder, sacó un scanner de antebrazo, y con brusquedad tomó mi brazo izquierdo.
No perdí la oportunidad de que escuchen un pequeño quejido asustado.
El scanner dio positivo. No soy una espía.
Ilusos.
Escondidos en sus cuevas de topo, no se dan cuenta de que la tecnología avanza y que nuestros antebrazos ya no sucumben ante los scanners de ningún tipo.
Somos superiores, ya no hay forma de identificarnos.
El líder movió su cabeza en dirección a la guarida. Los otros dos, uno de cada brazo, me llevaron custodiada.
Fue un buen comienzo.
martes, 9 de agosto de 2011
jueves, 12 de mayo de 2011

Ultimamente, los días se destacan por ser raros.
Pasé de despertarme completamente sola y con la casa toda desordenada, a un misterioso Martes en el que todo estaba relativamente ordenado, el loro lavado, las ratas afuera y nada sobre la mesa.
Aunque la semana no terminó, voy a darme el lujo de contarte cómo fue hasta ahora.
El lunes, me levanté a las ocho de la mañana y automáticamente me puse a desocupar mi pieza para que una amiga de mi mamá venga a limpiar, mis papás se fueron a las nueve. Para ese momento, la chica ya estaba y yo estaba corriendo las camas.
Entre las cosas importantes que hice, fue desocupar mi "cajón de los chiches", osea mi cajón de juguetes. Epopeya que me costó la cadera (sí, a los dieciocho años tengo problemas de cadera).
Y casi arrancarme el industrial con un palo de escoba. Lo demás fue rutinario.
El martes me desperté feliz porque estarían mis papás y me acompañarían a hacerme el documento.
Pensé que no vería a mi amor ese día (el lunes le dije que tenía que hacerme el documento).
Pero llegué justo y fui.
Se desataron ciertos eventos desafortunados que creo que me afectaron hasta hoy, principalmente a mi cara.
Mis papás se dieron cuenta de que estoy mal, por ende se pusieron peor porque tienen más problemas de los que tenían antes y yo no ayudo con mi cara.
Pero mi hermano tampoco con su estado vegetal, cosa que me enerva y quiero degollarlo.
Estoy apagada para casi todo. Especialmente para sonreir.
Pero no todo es culpa de lo que pasó el martes.
Es más, creo que ya no influye.
Tengo la misma sensación que en mi preadolescencia.
Una mezcla entre desencanto y rabia contra todos en mi casa.
Y se desencadena peor cuando alguno de los dos desubicados me dice que sólo estoy feliz cuando me voy a ver con mi novio.
Y saben qué?
Tienen razón. Jódanse.
Ayer me desperté media hora después de que se fueran. Ordené, desayuné y me fui para lo de mi abuela a llevarle un almohadón a su perrita. Supuestamente va a tener cria, pero tiene tanta aglidad que creo que nos está engrupiendo...
A las doce volví, le hice la comida a mi hermano, me acordé que volvía a las dos, me comí su comida y le fui a buscar pan para que se haga sanguches.
Fui al gimnasio.
Volví.
Morí
Desperté.
De mal humor, por cierto.
E hice la cena con mucho desgano, aunque bien. Fui a retirar unos lentes para mi papá.
Le pedi a mi hermano que por favor haga su cama. Me dijo que sí pero que tendría que esperar media hora a que vuelva de lo de un amigo.
Hice su cama.
Descolgué la ropa, la doblé y la guardé. Canté con Arturo y después me puse a jugar al WoW con mi novio.
Vinieron, me dijeron que tenía mala cara y que la cambie porque ellos estaban cansados y yo tengo que darles alegría. Lloré sin que se dieran cuenta.
Comimos.
WoW hasta la madrugada.
Bienvenida a un nuevo día, Huldri.
miércoles, 13 de abril de 2011

Ay... Hay tantas cosas que querría decirle ahora mismo.
Seguramente cuando lo vea no podré decírselo.
No por vergüenza, sino porque cada vez que lo miro a los ojos y me sonríe, todo pierde sentido.
Los sentimientos me atropellan y sólo puedo decir cosas estúpidas.
O estar en silencio.
O decir cosas que no suenan del todo bien.
Si intento comunicarle lo que siento, de repente en mi garganta se acumulan todas las palabras correctas pero nunca logran salir. Por eso él nunca va a saber cuánto lo amo.
Desearía que tuviera el poder de saber lo que siento sin decirlo. O yo poder hacerselo saber sin palabras.
Es tan difícil...
Tengo miedo que mis silencios se malinterpreten.
O que no los aguante.
Quisiera que sepa que quiero estar con él para siempre. Pero, enserio.
Estar juntos sin necesidad de estar casados. Por siempre, incluso hasta después de la muerte.
No puedo decirlo sin sonar como una demente.
Y él es tan lógico.
Debe reirse a carcajadas por dentro cuando ve mis ojos rebosando de cariño, casi rozando la locura, y le digo que quiero estar con él para siempre.
Ojalá él lo sepa.
Quisiera que sepa cuánto lo amo.
Pero nunca va a saberlo.
No alcanzan las palabras en el mundo. No alcanzan las estrellas en el universo para igualar lo que siento.
Pero nunca va a saberlo.
lunes, 11 de abril de 2011
Lunes

Hmm... es lunes... me siento tan sola.
A pesar de que él me dice que no me sienta así... creo que el hecho de que me lo diga lo empeora.
Son las ocho. Escucho el noticiero en la televisión del comedor, probablemente mamá debe estar arreglándose o poniendo la pava en el fuego.
Mejor me levanto para desayunar y aprovecho para estar con ellos antes de que vuelvan a la noche de mal humor.
Mamá se está bañando... voy a lavarme la cara a la cocina, sonarme la nariz y tomar agua. De paso veo si puedo ir sacando las cosas para desayunar.
En el noticiero aparece el reporte del tiempo; mi sección favorita. Dice que la máxima van a ser 24 grados... mhh, va a estar pesadito. Mucha humedad.
Separo las banquetas; escucho la luz del baño y veo la nariz de mi mamá asomándose por el comedor.
No está de mal humor, tampoco de uno espléndido. Me doy cuenta por sus ojos.
Ella va a buscar sus cosméticos y yo saco la pava del fuego. Por suerte hoy no me enganchó para cebar mate...
No quiero batir café. Me hago un mate cocido, aunque todavía no siento sabores por la congestión...
Me sirve el agua en la taza y recuerdo que sólo hay una cuchara de la medida que a mi me gusta. Las demás desaparecieron misteriosamente. Nota mental: comprarme una cucharita.
Mientras desayuno, mamá me comenta con entusiasmo que hizo como tres lavados uno de los cuales ya está colgado desde anoche y el segundo está por colgarlo ahora; el tercero, de las sábanas me corresponde.
Sonrío, porque es sólo doblar la ropa y colgar dos trapos más sin usar broches. Cosa que es buena porque me cuesta alcanzár la soga... estar en puntitas de pie es cansador.
Me pide que vaya a llamar a papá. Me levanto, voy a la pieza y lo llamo con la mayor ternura que me inspire en el momento. A veces le grito. Hoy lo llamé muy despacito.
Vuelvo a la cocina; mamá se está pintando las pestañas y me pregunta si se levantó. Le digo que está en eso.
Se levanta y le lleva un mate.
Después del desayuno juntos, ellos se van después de repetirme tres o cuatro veces lo que tengo que hacer. Yo de mala gana contesto y me tiro en su cama a mirar la tele.
Es lunes. El peor día de la semana. Toda la nostalgia del fin de semana está sobre mí; tenganme piedad.
Me duermo.
Me despierto a las once y media y me doy cuenta de que estoy de buen humor. Genial.
Voy al chino, compro fiambre, pan, lavandina y un "jabón secreto" con mi plata.
A la tarde voy a comprar semillas. O mejor que vaya Mati.
Lavo a Arturo, barro, saco la ropa y la doblo, pongo a calentarme un plato de guiso, hago las camas y ordeno un poquitito el living. Me doy cuenta de que no hago nada.
Me siento inutil.
Me deprimo.
Llega Mati.
Comemos juntos mirando algo en la compu o la tele. Hoy vimos Alicia en el País de las Maravillas.
Voy a la otra pc; RC; Facebook; YouTube; repetir.
Prendo la tele y me bajo tres botellitas de 600ml de agua. Voy a llenarlas y a hacer jugo.
Vuelvo. Me aburro.
Me miro en el espejo.
Mi piel es un asco.
Mi físico me asusta.
Me deprimo.
4chan. /fit/. Inspiración.
Pongo música en YouTube y hago ejercicios por media hora o cuarenta minutos.
Tirada en la cama, sin aire, transpirada y con dolor en lugares que ni sabía que existían; pensando en lo que me gustaría ser.
Timbre: la tía. Acordamos empezar el gimnasio mañana. Emoción.
Las seis de la tarde. Salimos con mi hermano para Villa Crespo para encontrarnos con mi papá en el depósito.
Bazar en la parada del 71. Cucharitas. Compro una. Vamos para el depósito. Vuelvo al bazar a comprar otra.
Papá me regala unas zapatillas.
Vamos para el cumple del padrino de Matu. Aburrimiento.
Con la única que me llevo es con mi tía Adri. Me dice que ya encuadró los dibujos que le regalé. Me siento feliz pero a la vez extraño a mis dibujos.
Odio saludar a mucha gente. También la comida fría, pero ya que.
Torta. Velas. Chau.
En casa escribo esto.
Definitivamente un Lunes fuera de lo común... (Nótese el sarcasmo)
P.D.: Gracias π por tu dibujo!
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